Usos y costumbres culinarias de antaño
Ya hemos visto cómo comían las personas humildes en el Siglo de Oro y cómo las que se hacían pasar por hidalgos. Pero ahora vamos a descifrar las claves de las diferencias reales entre pobres y ricos y los sitios donde se degustaba una y otra comida.
Retrocedemos cuatro siglos. Los ricos comen carne. Ya sea de carnero, de vaca, de gallina o de cerdo. Por lo general desprecian las verduras que las consideran para los pobres y los animales. De ahí que los ataques de gota sean muy frecuentes entre reyes y aristócratas. Suelen comer tres veces al día y en sus casas siempre hay una cocina con varios fogones.
Por su parte, los pobres se alimentan a base de sopas, verduras, hortalizas y pan. Cuando prueban la carne, lo más natural es que sea de gatos, conejos o incluso perros. Algunas recetas populares son la olla podrida -cuya evolución podría ser nuestro actual cocido- y también las migas.

Bodegón. Francisco de Zurbarán (Museo del Prado).
También hay diferencia entre los locales a los que acuden unos y otros. Hay restaurantes elegantes -también llamados figones- y otros populares más conocidos como bodegones. Tienen fama en la capital el Mesón de Paredes, el figón de Lepre, el mesón de la Miel o el del Peine –que aún se conserva reconvertido en posada-.
Cada uno es conocido por su especialidad. Las mejores empanadas de carne se sirven en el Mesón de Paredes, los buñuelos más exquisitos están en la Plazuela de Herradores y el mejor manjar blanco –pasta compuesta de pechugas de gallina, harina de arroz, azúcar y leche- en la Puertecilla de San Ginés.
Para los menos pudientes existen los bodegones de puntapié, que no son más que puestos ambulantes que se establecen en las esquinas de las calles para ofrecer algo de comer al viandante. Venden desde desayunos (confitura de naranja y aguardiente), almuerzos (ollas de sopas, guisos, callos, etc) y los famosos buñuelos y empanadas, que se comen a cualquier hora. Un uso que hoy podría traducirse –por qué no- en los actuales locales regentados por chinos que proliferan en la ciudad.


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