Un tornado en Madrid
No es Madrid una región en la que suelan darse los tornados. Pero el 12 de mayo de 1886 sería un día memorable desde el punto de vista meteorológico. Amanecía un día tranquilo –aparentemente- y húmedo, un tiempo bien propio de nuestra primavera. Sin embargo, a mediodía comenzarían a aparecer las nubes y por la tarde llegaría la lluvia.
Durante alrededor de media hora, relampaguea, truena y llueve con fuerza. A las siete de la tarde y durante cinco minutos se produce el tornado que nace en Carabanchel pasa por la Puerta de Toledo, llega a la Plaza de Atocha y el Jardín Botánico arrasando todo lo que se encuentra en su camino, atraviesa el Retiro y llega a la carretera de Aragón donde pierde fuerza. En total unos doce o quince kilómetros de recorrido.

Grabado publicado en "La Ilustración Española y Americana" el 22 de mayo de 1866 en el que se muestran los destrozos provocados en El Casón del Buen Retiro y en la Iglesia de los Jerónimos. Al fondo, el Observatorio Astronómico.
Los destrozos fueron importantes. Centenares de árboles fueron arrancados de raíz, muchos edificios fueron derruidos por la virulencia del fenómeno, como la Casa de Vacas, incluso trenes y vías de tren. Pero lo más importante fueron las víctimas humanas, que varían según las fuentes. Un total de dieciséis mujeres murieron en el Lavadero Imperial y parece que los heridos ascendieron hasta un centenar.

(A) Plano de Madrid con las zonas devastadas. (B) Recorrido del tornado a lo largo de la Península Ibérica. (Gráficos de A.F. Nogués).
El ciclón y, sobre todo, sus consecuencias fueron recogidas por la prensa durante mucho tiempo después y permaneció décadas en la memoria colectiva de los madrileños. Años más tarde, Benito Pérez Galdós, haría referencia al tornado en su obra “Misericordia”, publicada en 1897. Después de este fenómeno no hay constancia de otro similar. Parece que fue un hecho aislado. Esperemos que así sea.
Como curiosidad, en la carrera de caballos del mismo día, en el hipódromo, el nombre de la yegua ganadora de la primera carrera se llamaba Tormenta.
Fuente: “El Tornado de Madrid del 12 de mayo de 1866“, de Miquel Gayá
