Madrid, capital de artistas
Desde siglos atrás ha sido Madrid un lugar de encuentro para aquéllos que se dedicaban al arte en cualquiera de sus modalidades. A comienzos del S. XVII serán muchos los pintores españoles y europeos que se establezcan en la capital.
La Corte ofrece muchas posibilidades para quienes quieren darse a conocer. Sólo los retratos de los reyes y la decoración interior de los palacios son una buena fuente de trabajo. A ellos hay que sumar las posibilidades que presentan los conventos y la propia nobleza que intentan tener los mejores cuadros y esculturas.
En un primer momento llegan las influencias italianas y flamencas del Renacimiento tardío y años después el tenebrismo con sus luces y sus sombras. La época dorada coincidirá con el Gobierno del Conde Duque de Olivares que reunirá en Madrid a genios de la talla de Velázquez, Zurbarán o Cano.
La influencia de maestros como Rubens y la pintura italiana del Renacimiento quedará presente en las colecciones reales y en el propio gusto y estilo de los pintores españoles que usarán las técnicas en cuadros tanto de temática religiosa como profana.
Los monarcas van a tener claras preferencias por los retratos que se van a establecer tanto en las dependencias privadas como en los lugares oficiales. Por su parte, la ostentación de poder va a quedar reflejada también en la decoración de los palacios. Como el del Buen Retiro en el que destacan las escenas de las grandes gestas de la Corona.
Otro ejemplo de que a la monarquía le gustaba lucirse es el retrato ecuestre que Velázquez hizo a Felipe IV. En 1635 todo Madrid acude al mentidero de las gradas de San Felipe el Real para disfrutar de este cuadro que plasma fielmente la imagen de poder del monarca.

Felipe IV a caballo, de Velázquez (1635). Museo del Prado.
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