El Sereno
Es el oficio de sereno tan antiguo como el Motín de Esquilache. El pueblo madrileño se levantó ante una serie de medidas que adoptó el ministro siciliano de Carlos III, Leopoldo de Gregorio. Entre ellas, la reestructuración de la división administrativa que experimentó Madrid. Los seis cuarteles en que se dividía la villa aumentaron a ocho y éstos se subdividieron en barrios. Esta medida de prevención de revueltas callejeras llevó consigo un cambio en la función de los empleados municipales conocidos como serenos.

El cuerpo de serenos había sido creado el 12 de abril de 1765 cuya función originaria era encender los faroles que iluminaban Madrid al anochecer. Será años después cuando surge la necesidad de crear una figura que vele por la seguridad nocturna de los ciudadanos.
Se implanta por primera vez en el barrio de las Monjas de Pinto en 1791 y seis años después, reinando Carlos IV y siendo corregidor de Madrid Juan de Morales Guzmán y Tovar, se decide imponer dicho cuerpo en toda la ciudad. Al tiempo se crea un cuerpo específico de faroleros que sustituya a los antiguos serenos.
Es en el S. XIX cuando se consolida la figura del sereno. A la altura de 1819 había un total de 119 miembros. Será en 1834 cuando quede reglamentado el cuerpo. Como requisitos se piden “robustez, agilidad proporcionada al objeto, cinco pies como mínimo de estatura, no ser menor de 20 años ni mayor de 40, tener fuerte y clara la voz, saber leer y escribir para dar por escrito los partes, observar conducta irreprensible y no haber sido procesado por camorrista, perturbador del orden público, ni por robo, embriaguez ni otra causa negativa”.
Estéticamente eran reconocidos rápidamente. Llevaban un guardapolvo gris y una gorra. Atadas del cinturón iban las llaves de los vecinos a los que abrían las puertas. Además, portaban un chuzo terminado en punta de lanza y un farol.
Durante las horas de trabajo les estaba prohibido hablar con nadie para no distraerse de su quehacer. Como obligación tenían que cantar las horas y señalar las medias y los cuartos, además de informar del tiempo. Se convirtieron en los celadores de la seguridad nocturna aunque también eran conocidos por ser algo curiosos ya que informaban de todo cuanto acontecía a su alrededor.
Lo cierto es que su misión iba más allá de la pura vigilancia ya que muchos además de perseguir a los malhechores, ayudaban a los desvalidos, eran recaderos, sirenas de algún que otro accidente y hasta confidentes de noctámbulos.
Los serenos eran hombres de bien cuya presencia inspiraba tranquilidad. Era un agente social al que se acudía para casi todo, por eso los vecinos de Madrid solían ser generosos y premiar con propinas a estos hombres que disponían de un sueldo bajo.

A la altura de 1955 había 1260 serenos. Se introdujeron algunos cambios en la vestimenta, como la sustitución del guardapolvo por un capote gris y la reducción del chuzo. Dejaron de cantar las horas y el tiempo y su jurisdicción de acción se acotó más.
Es en 1976 cuando se suprime el cuerpo de serenos y se crea la figura del vigilante nocturno municipal. Su uniforme sería parecido al de la Policía Municipal y ya no tendrían como función abrir las puertas. Este servicio no cuajó entre los vecindarios y pronto surgieron las quejas.
Unos años después, cuando gobernaba Tierno Galván, se intentó recuperar al tradicional cuerpo de serenos, pero tampoco tuvo éxito la medida. El tiempo de los serenos ya había pasado a la historia. Los viejos usos y costumbres ya no eran suficientes para el nuevo Madrid.

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