Publicado el Jueves 1 de Mayo de 2008
Sección A Fondo

Al hilo de los homenajes que en este año se celebran con motivo del bicentenario del levantamiento del pueblo madrileño el 2 de mayo de 1808 nos hemos propuesto hacer una serie de artículos cortos de diversa temática con un contexto espacio- temporal concreto: Madrid en 1808. Iniciamos esta serie con un estudio sobre la población en la villa a principios del Siglo XIX.

Madrid siempre ha sido una ciudad acogedora. La afluencia de inmigrantes es un dato constatable desde que Madrid se convierte en capital en 1561. Otro momento que destaca por su densidad poblacional es el S.XIX. Pese a la crisis de 1803-1805, la villa se perfila como uno de los destinos más elegidos por quienes decidían empezar una nueva vida.
cornada_burro_01.jpg La villa y corte es un centro de atracción para gentes de todas clases sociales. Llegaron hombres y mujeres de todos los sitios cuya intención era buscar trabajo, movidos por la concentración de rentas que había en la Villa y Corte. Pero también se asentó un número considerable de pobres y mendigos.
Era muy corriente que existieran fuertes lazos de unión entre las personas cuya comunidad de origen era la misma. De este modo, las profesiones iban ligadas a la tierra. Eran famosos los comerciantes gallegos y asturianos, los chuferos valencianos, los arrieros maragatos…
Al llegar a Madrid, lo más habitual era recurrir a algún pariente que estuviese instalado ya. Otra forma de integración eran las posadas. Era comunes las guías de forasteros que recomendaba fondas en las que el casero y sus clientes eran de la misma provincia, como el Mesón de La Gallega o el de los Maragatos.
Las autoridades municipales obligaron a los recién llegados a registrarse ante el alcalde del cuartel y a los dueños de las pensiones a dar cuenta de ellos. Pero parece que fue prácticamente imposible tener un control exhaustivo de ese excedente de población que se instaló en esos años.
posada_peine_1.jpg Según María F. Carbajo la población madrileña en 1808 alcanza la cifra de 176.374. El conjunto de datos manuscritos que forman la “Demostración General de la Población de Madrid” se encuentra en el Archivo de la Villa. A esta cifra hay que sumar el clero regular, los internos en casas de educación, los que viven en inclusas, hospicios, cárceles y hospitales, y por último, los militares. Todos ellos suman 18.704. Por tanto, el dato real de la población madrileña sería la suma de ambos.
El estudio de las estadísticas aporta resultados reveladores: la población descendió un 5,8% desde 1797, debido a la mortalidad que tuvo su año crítico en 1804. Por sexos, se observa un predominio de varones de 0 a 25 años, de 25 a 60 años el número de hombres es ligeramente superior al de mujeres y a partir de esta edad los efectivos femeninos superan a los masculinos.
A juicio de María F. Carbajo, la inmigración contribuyó de manera positiva para la recuperación demográfica que vivió la población madrileña después de las crisis de los primeros años del S.XIX. La inmigración en estos años tiene unas características novedosas hasta el momento: existe una mayor variedad de origen, un aumento del número de las mujeres (aunque siguió predominando la inmigración masculina) y una mayor estabilidad de residencia.

   
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