lhardy1.jpgProbablemente es uno de los restaurantes más selectos de la capital. Nace en el S. XIX, en el año 1839. Casi dos siglos de historia hacen que este lugar sea una parada obligada para quienes quieran paladear una gastronomía exquisita entre unos muros que rezuman cultura. 
Situado en la emblemática Carrera de San Jerónimo, muy cerca de la Puerta del Sol, se enclava Lhardy. Su ubicación es perfecta si hablamos de un restaurante con solera. Mantiene la estética romanticista bajo la que nació. Sus elegantes escaparates muestran los mejores productos de temporada. El establecimiento consta de una tienda en la planta baja y salones en la primera, a los que se accede desde una pequeña puerta a pie de calle custodiada por un portero vestido a la antigua usanza.

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El estilo de Lhardy es obra de Rafael Guerrero. Llama la atención la fachada, construida con magnífica madera de caoba de Cuba. La decoración interior de la tienda permanece intacta pese al paso del tiempo: dos mostradores, uno a cada lado y un espejo al fondo sobre la consola que sostiene la “bouilloire” y la fina botillería. Los salones, observadores neutrales de la historia, mantienen el mismo aspecto original. El Salón Isabelino, el Salón Blanco y el Salón Japonés conservan sus papeles pintados, sus chimeneas y sus ornatos de la época.
Emilio Huguenin fue su fundador. Un restaurador de origen suizo que empezaba a ser conocido en París y Burdeos. Se estableció en Madrid y decidió abrir el negocio bajo el  nombre de Lhardy haciendo alusión a un café parisino llamado Hardy. A partir de este momento, adopta el nombre del restaurante como apellido propio. Emilio Lardhy introducirá el menú escrito, el precio fijo y la mesa individual. Marcará un estilo propio y refinado separándose del de las tahonas y mesones tan propios de la época.
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Agustín, hijo de Emilio, recogerá el testigo de su padre y se encargará de adaptar la gastronomía popular y servírsela de forma suculenta a los aristócratas e intelectuales que regentan el local.  El cocido y los callos se incorporan a la carta de Lhardy. Será el yerno de Agustín quien prosiga al frente del restaurante de la familia. A partir de este momento, pasará manos de Antonio Feito Pérez, jefe de cocina, y Ambrosio Aguado Omaña, jefe de repostería, quienes han ido pasando el negocio a sus descendientes.
Lo más destacado de Lhardy es la calidad de su gastronomía. Se cuidado el mínimo detalle, desde la presentación de las mesas hasta la colocación de los ingredientes. La elaboración de todos sus platos es artesanal y las materias primas son inmejorables. Constantemente se actualiza la carta, incluyendo las últimas innovaciones culinarias.
Su bodega merece una mención especial, surtida de vinos franceses y de las mejores reservas de La Rioja o del Duero. Pero tampoco podemos olvidar la repostería y los fiambres de Lhardy, que ocupan un lugar destacado en la tienda.
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Es posible que Lhardy sea el restaurante más citado de la literatura española. Una de las razones es que existe mucho antes que otros edificios importantes de la ciudad y que era un centro de tertulias donde se daban cita escritores y artistas. También ha sido testigo directo de momentos históricos. El mismo general Primo de Rivera acudía con sus ministros para celebrar reuniones secretas. Fue aquí también donde se decidió que Alcalá Zamora fuera presidente de la II República. Hasta la realeza acudía a Lhardy cuando quería saltarse el protocolo. Es famosa la anécdota que cuenta que la reina Isabel II y Alfonso XII se escapaban del palacio para comer allí.
Lhardy es el primer restaurante madrileño que hace un guiño al mundo femenino. Es el primero que permitirá que acudan las mujeres solas. Una nota curiosa: en 1916 la bailarina Mata- Hari es detenida, por espía, poco después de almorzar aquí.
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Son muchos los acontecimientos y anécdotas que han tenido lugar en Lhardy. Y muchos los homenajes celebrados; por ejemplo, en honor de Ramón Gómez de la Serna, de Baroja o Azorín.  En 1943 se celebra la llamada “cena de final de siglo”, a la que hay que ir vestido como en el S. XIX y está prohibido hablar de cualquier tema del siglo actual. La Sociedad Filarmónica Madrileña nace en 1901 como consecuencia de una tertulia celebrada en Lhardy. También en una sobremesa surge la idea de crear los estudios cinematográficos CEA. Algunos de los asistentes que deciden unirse a los profesionales del cine sonoro son Carlos Arniches, Jacinto Benavente y los hermanos Álvarez Quintero.
En los años cincuenta del siglo veinte suelen parar en Lhardy personajes del mundo de la cultura como Enrique Chicote, José María Sacristán, Antonio Rodríguez Moñino… En los sesenta frecuentaban el lugar Marañón, Pozuelo y Jiménez Quesada entre otros. En 1992 Lhardy celebró un ágape al que acudieron más de cuatrocientas personas relacionadas con el arte, las letras y el periodismo.
Sería difícil hacer un resumen de todo lo que ha visto y escuchado Lhardy a lo largo de la historia. Siguen pasando los años. Lhardy permanece inmutable. Como siempre, elegante, discreto, romántico. Un referente indiscutible de la gastronomía madrileña.

   
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