Madrid, ciudad “sobre agua edificada”, ha contado siempre con un buen suministro de agua durante todo el año gracias a los llamados ‘Viajes de Agua’ o lo que es lo mismo conducciones subterráneas que transportaban el agua desde zonas donde abundaba hasta la misma ciudad. Se trataba de obtener agua y conducirla a otros lugares. La captación del líquido se realizaba tomando como base pozos construidos en las cercanías de arroyos altos. Otro sistema era el de aprovechar el agua de la lluvia que permanecía en las capas permeables del subsuelo, por medio de filtraciones del terreno. Para localizar estos manantiales

subterráneos, se observaban pistas en la superficie (terreno fangoso, plantas, tipo de tierra, etc.). Una vez localizados se procedía a crear pozos (como también se hacía en las cercanías de los arroyos altos). Este conjunto de pozos era unido entre sí por medio de una red de galerías que a la vez que trasladaban el agua, hacían labores de captación. Los pozos estaban cubiertos por una piedra tallada de forma trapezoidal de unos 70 cm. de alto por 80 cm. de lado, llamada registro. Este registro tenía una abertura para airear el conducto. Aún pueden encontrarse registros de estos pozos en la Dehesa de la Villa y hasta hace muy poco, en el Parque de los Pinos (integrado en el Parque Rodríguez Sahagún). A esa red de pozos y galerías que conducen su agua se les denomina Viajes de Agua. Las galerías tenían una longitud que oscilaba entre los 7 y 12 Km., y una altura similar a la de una persona, y con un pequeño arcén lateral para que pudiera ser revisada por fontaneros en caso de obstrucción o avería.

Ya en la ciudad, el agua era conducida hacia unas arcas principales. Uno de estos depósitos se encontraba en la Plaza de puerta Cerrada. De hecho, la cruz de dicha plaza es un adorno del Siglo XIX sobre el arca subterránea existente. El agua era conducida desde las arcas a las fuentes. Éstas no eran ornamentales, sino caños de varios grifos para el uso público. Ello hace que la población dependa diariamente de estos caños. Surge la figura del aguador, que era la persona que llevaba el agua a las casas adineradas. En barrios humildes y obreros era muy común ver a las mujeres acudir a las fuentes a llenar sus cántaros. Estos lugares se convertirán en puntos de reunión y trato social.
El agua obtenida podía ser de dos tipos: Aguas finas (aptas para el consumo humano) y aguas gordas (algunas eran potables, pero destinadas a otros usos como riego, limpieza, etc.) Los principales viajes de agua, según el tipo, fueron:
- Aguas Finas: Alcubilla, Alto Abroñigal, Bajo Abroñigal, Fuente castellana, Alto del Retiro, Bajo del Retiro (conocido también como Oropesa), Amaniel (también llamado de Palacio), San damaso (o Butarque), Retamar, Fuente de la salud y Fuente del rey.
- Aguas Gordas: Fuente del Berro, Fuente de Leganitos, Contreras, Fuente de la Reina, Prado de San Jerónimo, Caños Viejos, Conde de Salinas, Pajaritos, Harinas, Hospital General, Atocha, Conchas, Neptuno, Toledo, Gremios, Pascualas, Meaques, Casa de Vacas, Fuente del Zacón, Fuente de Húmera, Fuente de la Casa de Campo.
Interesantes estudios sobre el tema, realizados por Ardemans, Aznar de Polanco o Mesonero Romanos, entre otros, determinan que los ‘viajes de agua’ tienen su origen en la época árabe. La primera referencia escrita aparece en el fuero de 1202 (en el que se prohíbe
limpiar tripas en un tramo de estas conducciones, ya que el agua luego se dirigía al consumo humano).
Tras el traslado de la corte a Madrid en 1561, la población aumenta y ello hace necesario construir más viajes para satisfacer la demanda. En 1617 se crea un organismo encargado del mantenimiento y conservación de la infraestructura, llamado Junta de Fuentes. Las necesidades fueron obligando a crear nuevos viajes a lo largo del tiempo. A mediados del Siglo XIX, este sistema no es capaz de satisfacer tanta demanda, por lo que se estudian soluciones alternativas.
Será Bravo Murillo quien en 1851 proponga que el río Lozoya abastezca el consumo de agua de la ciudad. La medida se aprobó y dio lugar a la creación en 1858 del Canal de Isabel II, para realizar dicha canalización. Se cree que en ese momento existían en la ciudad unos 30 viajes de agua.