Publicado el Jueves 1 de Febrero de 2007

madrid6.jpgTras la conquista cristiana de la ciudad, el antiguo Alcázar musulmán fue con el tiempo remodelándose y ampliándose hasta dar lugar a la residencia-fortaleza de los Austrias. Este antiguo Alcázar fue destruido completamente por un voraz incendio en la Nochevieja de 1734.


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Ante esta situación, Felipe V delegó la construcción del nuevo palacio en el arquitecto Felipe Juvara el cual inició las obras en 1738. Tras la temprana muerte de éste, el proyecto recayó en manos de un discípulo suyo llamado Sachetti. Para evitar incendios en un futuro, toda la construcción se realizó a base de bóvedas, piedra y ladrillo; sin emplear la madera en ningún momento. De planta rectangular, con fachadas inspiradas en las realizadas por Bernini para el Louvre en 1655.
La sección de las fachadas se basa en un primer nivel almohadillado, y un segundo nivel de estilo jónico con pilastras, cornisa y balaustrada en la parte superior. La amplia diferencia de niveles entre la fachada Oeste (Campo del Moro) con la fachada Este (Bailén) además de las torres de cada esquina; podían otorgar a la construcción un intenso carácter de fortaleza. Este rudo aspecto se suavizó con la decoración barroca del exterior, así como con las estatuas exteriores de la parte superior. Sachetti se vio rodeado de importantes colaboradores de la talla de Sabatini, Scirmento o Ventura Rodríguez. Uno de los rasgos de Ventura Rodriguez que aún podemos apreciar es la propia disposición de todo el conjunto: El Palacio fue concebido para estar rodeado de jardines en su zona Norte (Jardines de Sabattini) y en el Oeste (Campo del
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Moro). La zona Este se mostraría ante una plaza que comunicase con el resto de la ciudad. Para la zona Sur, se pensó que se ubicaran un patio de armas con catedral y, por último, un Viaducto que salvara el desnivel de la calle Segovia.
De la decoración interior, destaca la riqueza de los frescos de Tiepolo, Giaquinto o Mengs. Materiales de gran calidad contribuyeron al resto: mármoles en suelos y escaleras, y madera de caoba en puertas y ventanas. El Palacio posee una importante pinacoteca con diferentes obras de artistas como Caravaggio, El Greco, Juan de Flandes, Goya, Velázquez, etc.
De las numerosas estancias y salas, destacan el “Salón del trono” que se mantiene intacto desde la decoración efectuada por
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Carlos III. Es interesante apreciar el fresco de la cúpula (obra de Tiepolo) en dónde figura un alegoría de la Monarquía Española. Tanto el mobiliario dorado como las lámparas de araña provienen de Nápoles y Venecia respectivamente. Los espejos son de la Real Fábrica de La Granja.
En cuanto a los leones que custodian el trono, fueron traídos desde Roma por Velázquez en 1650. Otra sala no menos interesante es la dedicada a la Real Armería. Es una de las colecciones más importantes en su género, mostrando piezas de incalculable valor al tratarse de las armas y armaduras personales de los Reyes desde el Siglo XIII. Entre todas, las más interesantes son las pertenecientes a Carlos I y Felipe II.
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Las obras del edificio finalizaron en 1755, aunque a lo largo de los siglos se han ido efectuando modificaciones y reformas, hasta lo que es hoy el complejo. Con una superficie de más de 135.000 metros cuadrados, estamos ante el mayor palacio de toda Europa Occidental. Cuenta con 870 ventanas, 240 balcones, 44 escaleras, 34 salones y unas fachadas de 130 metros de lado por 33 de alto.
Será Carlos III el primer monarca que fije su residencia oficial en el Palacio en 1764. Desde él, hasta la salida de Alfonso XIII hacia el exilio en 1931, todos los reyes han utilizado el Palacio como residencia. En la actualidad, las instalaciones del Palacio albergan un interesantísimo museo, además de servir de marco para eventos oficiales.
Como anécdota, indicar que las estatuas de Reyes Godos que actualmente se encuentran en la Plaza de Oriente, estaban destinadas en un principio a situarse sobre la cubierta del palacio, al igual que ya lo hacen otras tantas. Debido al gran tamaño y peso de algunas, se optó por dejar las de mayor peso en la plaza y evitar así el peligro de que pudieran caerse.


Otros enlaces sobre el tema:
“Un Laberinto Invisible”. Recorrido por la entrañas del Palacio Real que el público no visita, donde trabajan 700 personas y no vive nadie. (Reportaje de El País, publicado el 12/12/2007).
 

   
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