Hace unos 200.000 mil años, durante el Paleolítico , el río Manzanares era mucho más caudaloso que en la actualidad, en parte porque la zona estaba repleta de pequeños riachuelos y arroyos que desembocaban en el Manzanares. De este modo, era una zona ideal para la caza (hipopótamos, rinocerontes, elefantes, mamuts,…) al acercarse los animales al lecho del río para beber. Aparte de esta actividad cazadora, se tiene constancia de una actividad lítica paralela.

A finales del siglo XIX se encontraron a lo largo de las márgenes del río toda una industria lítica compuesta por piedras de sílex talladas, puntas de flechas, herramientas, armas,…. Estos descubrimientos se realizaron a raíz de las grandes obras que se realizaron con motivo del crecimiento urbano de la ciudad. Por ello, los restos se encontraron en zonas como el Cerro de San Isidro, el Paseo del Manzanares, Carretera de Andalucía, Paseo de las Delicias, etc. A estos yacimientos se les denomino como “terrazas del Manzanares”. Durante el Neolítico (hace unos 4.000 años) surge la agricultura, dando lugar así a un sedentarismo que no existía antes. Ya no es necesario el nomadismo en busca de alimento. Pese a que durante este período la población descendió en la zona, se han encontrado restos de pequeños poblados y necrópolis en la zona de Villaverde, Cerro de las Vistillas, Carretera de Andalucía y la orilla derecha del Manzanares. Esta presencia se prolongará a lo largo del Neolítico, Bronce y Hierro.

Hay pruebas que nos demuestran esa continuidad poblacional. En época romana , lo que luego sería Madrid, estaba ocupado por los Carpetanos. Durante la Romanización , esta zona se caracterizó por ser un cruce de importantes vías que comunicaban la península. Las vías más importantes fueron las que comunicaban Emérita-Augusta (Mérida) con Caesar-Augusta (Zaragoza) y Artúrica (Astorga) con Córduba . El cruce de estas vías da lugar a considerables núcleos de población caracterizados por ser pequeñas villas o poblados dedicados al sector agropecuario y siempre asociados a esas vías de comunicación para poder comerciar. Entre estos poblados destacan Complutum (Alcalá) y Miacum (actual Casa de Campo); y habiendo otros de menor importancia en Getafe, Villaverde Bajo, Puente de los Franceses y San Martín de la Vega.

Tras la época romana, la población y la economía descienden. Esto es motivado, en parte, por el abandono que sufren las calzadas romanas y verse afectado así las comunicaciones y el comercio. Esa despoblación afectó positivamente a la ciudad de Toledo, que vio aumentar su población y economía al recibir a las gentes que abandonaban sus villas y poblados. La importancia de la ciudad de Toledo se afirmó aún más, cuando en el año 633 se establece como capital del Reino Visigodo.

En la historia de Madrid, hay un tema muy controvertido: La existencia o no, de un Madrid Visigodo. Al respecto, hay una gran cantidad de opiniones y corrientes. Al día de hoy, la más acertada parece ser la que ofrece Jaime Oliver Asín (“Historia del nombre de Madrid” ), que afirma que durante la época Visigoda, Madrid fue fundado en el Siglo VII sobre el Arroyo de las fuentes de San Pedro (Actual Calle Segovia) por una población dedicada al pastoreo y a la caza. El nombre de ese poblado era “Matrice” (madre de aguas, arroyo), y más tarde dio origen a la interpretación árabe de “Mayrit”. Hay pruebas que demuestran la posible existencia de un “Matrice” Visigodo, pero lo cierto es que, de haber existido, fue un primitivo y muy pequeño poblado. Tras la época Visigoda, se producirá la invasión musulmana y, con ella, la fundación de Madrid o “Mayrit”.
En la sección “Galería/Mapas y Planos” se muestra un interesante mapa con restos arqueológicos previos a la fundación de la ciudad (extraído de la web de la Comunidad de Madrid, Dpto. de la Dirección General de Patrimonio Histórico y Arqueológico-Palentológico).